Por el Cronista Emérito de Guacara, Ruben Gonzalez Rengifo: Guacara y sus Recuerdos,
En Agosto se abren las compuertas para prepararse a celebrar las fiestas patronales de Guacara.
Se avivan esas voces que permanecen silenciosas, las que se desprenden del árbol de la vida histórica, sus imaginaciones, sus cuentos, sus leyendas; raíces que brotan del surco de un pueblo que tiene manojos de familias que juntas se unieron para aguantar las penas. Flores de un jardín de bellos recuerdos, recuerdos mágicos que hoy le desnudamos.
¿Cuándo será que oiremos el murmullo agradable de esas voces y detengamos el tiempo para oirlas?.
La historia de los pueblos en sus fiestas patronales muestran el rostro de su vida; algunas veces triste, algunas veces trágico o alegres; pero así son, así es su verdad, así es su historia.
Pretendemos que cuando desnudemos esa historia lo hagamos con el libro abierto del amor, del amor a un pueblo que todos queremos; con su gente, con sus virtudes y defectos; pero nuestro, absolutamente nuestro.
Desde aquel recuerdo, en el mismo sueño que a todos nos pasa, donde el tiempo avanza, se lleva sin darnos cuenta nuestra gente, los viejos que quedan con sus cuentos, el viejo ferrocarril que llegaba anunciando esas voces lejanas en el tiempo que hacían salir a toda la gente y salían a verlo como si llegara por primera vez.
El tropel de las reses por la calle «El Ganao», arreadas para llevarlas a su ultimo destino.
Carretas de mulas cargadas con el producto del conuco, sudor de la frente del campesino nuestro.
Se vio pensando, caminando cabizbajo, dejandose llevar sin rumbo fijo, amontonando las nostalgias.
En el matadero local colgaban las reses en ganchos de hierro esperando el desposte, regalaban las visceras, que las llevaban al rio y una vez limpias las colocaban en azafates y salian a venderlas por las calles de la Guacara vieja.
Se nos fue «Ecos de Yagua» como medio impreso de ingenio popular, de periodismo coloquial. Y Bitacora que insistia en recoger esa historia que reclamamos.
Siento que no se encuentra una tertulia justa, una ausencia que no es a proposito; pero cuando volteamos para vernos las caras, nos damos cuenta que somos los mismos, solo que ahora somos menos y no nos arriesgamos a decirnos que existe una ausencia, que esas hojas silenciosas que se desprenden del arbol historico de Guacara nos va dejando un camino de recuerdos.
No queremos herir a la vieja matrona, no queremos con nuestros descuidos llenarla de tristeza.
Hay una cultura de la quietud que hay que despertar.
Hoy tenemos mas y mejores herramientas, despertemos ese amor almacenado y hagamos que broten las semillas que no han querido salir del surco y cuando salgan nos encargaremos de cuidarla, de amarla.











